Vicky Krieps: «El cuerpo de la mujer es una jaula. siempre nos definen por él»

La princesa está triste. Y dolorida. Y la culpa no es tanto de su deseo de ser «hipsipila que dejó la crisálida», como dice la Sonatina de Rubén Darío, sino como de un simple y muy apretado corsé. Corsage (corsé en francés) es precisamente el título original de La emperatriz rebelde y a su modo en ese simple artefacto para adelgazar la cintura hasta cortar la respiración descansa la carga de la prueba de la película de Marie Kreutzer e interpretada por Vicky Krieps (Luxemburgo, 1983). De repente, aquella Sissi emperatriz que con tanto esmero vestía las noches de todas las navidades de la mano de la trilogía firmada por Romy Schneider y Ernst Marischka vive una actualización que es también prodigio. La película austriaca candidata a los Oscar fue una revelación en el pasado Festival de Cannes y confirmó a la actriz protagonista (además de productora)como algo más que la reina del año. Tras una impecable filmografía por la que figuran títulos como El hilo invisible, La isla de Bergman, Tiempo y la ahora en cartel Abrázame fuerte, Krieps alcanza la excelencia en este retrato actualizado de la condición femenina, de la mujer acosada y de las princesas que lo fueron por designio masculino antes que divino. Y de la tristeza, claro.

La actriz Vicky Krieps.
La actriz Vicky Krieps.MUNDO

¿Qué piensa de ese rumor constante que le rodea para la temporada de premios? ¿Se ve con el Oscar?
¿Vio la película?
Claro.
Pues creo que ahí está contestada la pregunta.
No entiendo. ¿Tengo que deducir que el rumor es justo?
No, al revés. Una película así no la hace alguien pendiente de ese tipo de rumores.
No entiendo.
Entiendo La emperatriz rebelde como un acto personal de liberación, de rebeldía. Interpreto a un personaje que no es simpático. No está ahí para agradar, sino que es un ser humano real y complejo. Es una mujer que no intenta complacer, sino que el hecho de agradar a los demás se convierte para ella en una enfermedad. La emperatriz vive atrapada en lo que durante mucho tiempo ha definido a la mujer, a cualquier mujer: tienes que ser guapa, simpática, amable con los demás… no puedes hacer aspavientos para no ser tachada de histérica…
Sin embargo, usted ha elegido un trabajo que consiste básicamente en agradar…
Sí y eso me ha generado siempre problemas. ¿Por qué hay que estar siempre seduciendo al público? Por eso digo que esta experiencia fue liberadora, porque mi personaje hace justo lo contrario de lo que se supone que tendría que hacer.
¿Se lamenta de haber tenido éxito?
No, lo que más agradezco es que se me haya reconocido por trabajos difíciles que en principio no estaban pensados para ser alabados. Es decir, me alegra comprobar que el público no es estúpido, que puede entender cosas complejas y que está dispuesto a pasar por un momento incómodo.
¿Cómo se sintió dentro de un corsé?
Tuve que hacer esfuerzos para no odiar a la directora y a la película. Fue muy, muy doloroso. También me costó aprender el lenguaje corporal aristocrático. Tuve que aprender a montar a caballo y a practicar la esgrima… En general, sólo se puede uno portar mal de verdad, que es lo que hago, si antes se aprende a hacerlo de manera correcta.
En la película da vida a un icono mundial: la princesa perfecta. ¿Qué relación guarda con las princesas?
Mis padres eran algo así como hippies y mi madre fue siempre una mujer emancipada. Digamos que crecí con el pelo corto y nunca tuve entre mis planes convertirme en una princesa. Mi vecina en cambio era todo lo contrario. Ella veía todas las navidades las películas de Sissi con Romy Schneider. Aquello para mí era como la fruta prohibida. Ya algo más mayor me intrigó su figura y empecé a sentir lo que había detrás de tanto brillo. No entendía muy bien qué era, pero era algo misterioso, melancólico, triste, raro, oscuro… La presión esa de ser perfecta en todo momento se parece bastante a lo que sufre toda mujer ante la exigencia de ser una princesa Disney.
Ya que estamos, ¿cuál es su opinión de la monarquía?
Nunca había pensado tanto en ello como ahora. Imagino que en un mundo donde la religión no juega el papel que jugaba en el pasado, la monarquía puede desempeñar una función similar quizá. Pienso en lo que ocurre en el Reino Unido. La realeza es como una referencia inmutable. Es un consuelo muy simple y fácil, pero consuelo al fin y al cabo.
Hablaba antes del sufrimiento de su personaje comprable al de todas las mujeres hoy…
Hay algo que se mantiene igual, pese a las evidentes diferencias. No sabría decir de quién es la culpa ni cómo hemos llegado hasta aquí, pero, en cierto sentido, muchas mujeres sentimos en determinado momento el cuerpo como una jaula. El cuerpo de la mujer se convierte en un objeto de deseo y posesión para el hombre. Y cuando llega un embarazo, el cuerpo pasa a ser propiedad del niño. Y cuando das a luz, tienes que trabajar para que el cuerpo vuelva a su estado anterior. Y entonces el cuerpo vuelve a ser una jaula, pero peor porque ha cambiado y no te gusta, pero tienes que vivir con ella. La mujer se define constantemente por su cuerpo.
¿Qué papel ha desempeñado la figura de su abuelo en su vida [Robert Krieps fue presidente del Partido Socialista Obrero Luxemburgués e impulsor de la abolición de la pena de muerte]?
Muy importante. De él he heredado mi interés por la historia y, de alguna manera, creo que hago películas por él también. Cada personaje es una invitación a averiguar más sobre nosotros, por qué amamos, por qué odiamos… Conservo en los genes algo de su hambre por cambiar el mundo.

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