Paul Mescal, el padre perdido de Aftersun, el candidato al Oscar preferido de la inmensa minoría

¿Sentirían los espectadores de El chico de Chaplin que estaban estrenando un personaje icónico, una imagen que habría de ilustrar una nueva manera de entender el afecto y la familia? ¿Supo el público de La vida es bella que aquel personaje de Roberto Beningi iba a acompañarlos en la memoria durante toda su vida? ¿Es cierta la intuición que tienen los espectadores de Aftersun de que esa pareja de padre e hija van a ser un refugio de tristeza y dulzura en sus vidas, en el mundo en el que habrán de vivir en los próximos años?

Paul Mescal, actor irlandés y coprotagonista de la película de Charlotte Wells, se ha colado entre los candidatos a la mejor interpretación masculina en los Oscar del próximo 13 de marzo. Será la única candidatura de Aftersun pero también será suficiente para confirmar el milagro de una película de otra época, lenta, delicada, sin apenas argumento y sin estrellas pero que ha encontrado a su público.

O quizá sí. A Mescal va a ser difícil no considerarlo una estrella en adelante. El actor irlandés tiene su propio relato novelesco: jugaba al fútbol gaélico, le rompieron la mandíbula, dejó el deporte y empezó a actuar por hacer algo. Pasó del teatro aficionado al teatro universitario y en algún momento fue imposible ignorar que tenía ángel. Mescal tiene también dos tarjetas de presentación excelentes: debutó en la serie Normal People, otra historia lenta sobre el paso de la adolescencia a la vida adulta, basada en la novela del mismo nombre de Sally Roney. Después, llegó al cine en La hija extraña, la primera película de Maggie Gyllenhaal, también basada en una novela de peso, la de Elena Ferrante.

En Aftersun, Mescal compone un personaje festivo pero lacónico, un misterio que hay que descifrar. Calum, el hombre que interpreta, es el padre divorciado de una hija única preadolescente. Perdido sin un rol claro, Calum se va de vacaciones a la playa con su niña e intenta interpretar el papel de padre-hermano mayor: es bromista, un poco temerario, un poco desastre y tierno de una manera en parte disfuncional. Aparenta controlar sus emociones pero necesita tanto afecto como su hija o quizá más. Bajo su fachada de padre enrollado, Calum lo pasa mal, pero de eso sólo tenemos indicios muy sutiles, tanto los espectadores como la hija, ya adulta, que narra aquel verano.

La imagen de Mescal en Aftersun tiene algo de clásico recuperado. Como interpreta a un hombre de clase media de hace 22 años, Mescal aparece en la película descaracterizado, vestido de eso que después se ha llamado norm-core. Es guapo como eran guapos los actores de los años 50 y 60 y el rasgo más recordable de su presencia en Aftersun es un yeso en el brazo izquierdo. Su aspecto no es performativo ni ambiguo. Sus caricias son pudorosas pero tienen algo verdadero y conmovedor. Es, quizá, lo contrario de la imagen que ha construido Timothée Chalamet, el último actor que ascendió desde el cine independiente hasta el estrellato.

Lo que viene en adelante es lo interesante: a Mescal se le atribuyen nueve proyectos de películas en marcha. Uno de ellos es un nuevo Gladiator de Ridley Scott, que ni es cine de autor ni es lo contrario. En el resto de sus proyectos se mezclan los nombres de Richard Linklater, Tennesse Williams y Georges Bizet. Mescal se ha convertido en la promesa de que un cine hecho con la aspiración de permanecer en la memoria seguirá existiendo en el próximo lustro.


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