Natalia de Molina: «Hay una cosa muy masculina en entender el poder como una manipulación del otro»

Acaba de cumplir diez años de cine y, a juzgar por los premios y el número de películas, se diría que son diez siglos. Dispuesta a empezar de cero con cada proyecto, Natalia de Molina (Granada, 1989) es ahora mismo, como el personaje de Pirandello, una, ninguna y cien mil. Tras presentar en Málaga ‘La maniobra de la tortuga‘ acaba de estrenar ‘Contando ovejas‘, una ópera prima firmada por José Corral Llorente tan inestable y arriesgada como madura, extenuante y muy turbia. A su manera, la naturaleza de este último proyecto poco común y extremo entre la comedia, la tragedia, la animación y el caos la define no sólo como actriz sino como curiosa impenitente, que no impertinente.

¿Qué hace una actriz con dos Goya en una ópera prima como ésta?
Nunca había recibido un proyecto así, tan kamikaze. Es una película tan loca que cuesta decir que no. Me encanta trabajar con directores noveles e implicarme con nuevas miradas. Además, si el hecho de estar ahí ha ayudado a que el proyecto haya sido posible… pues mejor. Es una forma, si quieres, de devolver el favor. Contaron conmigo cuando nadie me conocía, pues qué menos que hacer lo mismo con los demás.
Como en películas anteriores, pienso en ‘Las niñas‘ o en la reciente ‘La maniobra de la tortuga’, su personaje funciona también como una denuncia contra el machismo y contra la cosificación de la mujer…
Forma parte de mí. Todos ésos son asuntos que me mueven y conmueven. Procuro acercarme a personajes que se plantean qué significa ser mujer; que llevan consigo una denuncia o una reflexión. Soy mujer y son cosas que me preocupan. Soy feminista porque así lo he vivido toda mi vida. Intento ser honesta conmigo misma, pese a lo difícil que resulta a veces conseguirlo. En el caso concreto de esta película, mi personaje sirve para enseñar en qué consiste una relación tóxica en la que cuanto peor está la mujer y más vulnerable se siente, mejor está determinado tipo de hombres. Hay una cosa muy masculina en entender el poder como una manipulación del otro.
Contamdo ovejas’ se estrena cuando un ‘streamer‘ presume de un ‘trucazo‘ para ligar que básicamente consiste en abusar de una mujer…
Sí, es increíble. El momento para mis más violento de la película es cuando uno de los personajes masculinos le reprocha al otro que está drogando a la chica, que es drogadicta. Y éste le contesta que se está drogando ella sola. Es terrorífico escuchar esto y más con todo lo que está pasando ahora mismo. Creo que no somos conscientes y quizá por ello el cine tiene que tener un cierto compromiso de mostrar ciertos espejos a los que cuesta mirar.
¿Tan influyente cree al cine? ¿Cree que el cine puede cambiar algo?
Sólo puedo hablar por mí. A mí me ha cambiado. Imagino que el valor de la cultura es ése: enseñar y plantear problemas que quizá ni habías contemplado.
Por otro lado, asuntos que parecían indiscutibles como la legislación contra la violencia machista están ahora mismo discutidos en un Parlamento autonómico. Da la impresión de que el cambio, con o sin cine, es hacia atrás.
Es más fácil negar una realidad que asumirla. Ante asuntos tan dolorosos como éste lo más complicado es aceptar su existencia. Para sobrevivir, tendemos a negar lo que no nos gusta de nosotros mismos y a nadie le gusta admitir que en la sociedad en que vive hay una violencia intrínseca. Ese movimiento de reacción en contra tiene que ver mucho con esto. Pero bueno, y aunque suene naïf, imagino que ni yo ni el cine podemos actuar como si no pasara nada.
Es la primera vez que en el cine interpreta a una drogadicta…
Sí y ha sido complicado, todo un reto. Es muy fácil pasarse.
Ella, su personaje, como el propio protagonista interpretado por Eneko Sagardoy son dos enfermos que se niegan a reconocer su enfermedad…
Me parece básico el debate que se ha abierto sobre las enfermedades mentales, me parece básico que se habla abiertamente del tema. Para intentar arreglar las cosas hay que hablar. El silencio, y no quiero ponerme pesada, está muy unido al patriarcado. Suena pomposo, pero hay que hablar las cosas para crear una sociedad más empática.
Los actores Eneko Sagardo y Natalia de Molina con el director José Corral Llorente en la presentación de 'Contando ovejas''.
Los actores Eneko Sagardo y Natalia de Molina con el director José Corral Llorente en la presentación de ‘Contando ovejas».Victor CasadoEFE

¿Cree que vivimos en una sociedad cada vez más proclive a todo tipo de adicciones?
Es el sistema en el que vivimos. Al mundo no le interesa que haya gente feliz que de repente descubra que no necesita consumir de manera obsesiva. El mecanismo del capitalismo se basa esencialmente en la adicción. Lo que ocurre es que unas adicciones son legales y otras no…
¿Se considera adicta a algo?
Sí, a muchas cosas. Pero si tengo que citar una adicción evidente… los videojuegos. No me siento orgullosa de ello, pero es así.
Hace poco, en el pasado festival de Málaga, hablaba de la necesidad de darse un respiro. ¿Tiene la sensación de haber vivido una década demasiado rápido?
Sí, siento que el tiempo ha pasado muy rápido. Jamás, ni en mis mejores sueños, me habría imaginado todo esto. Y eso que me veo en esta profesión como una recién llegada. El comentario sobre el respiro era por mis dos últimos proyectos que me han dejado extenuada. Ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida. Pero la idea es parar, coger fuerza y… para adelante.
¿Cuánto pesa en una carrera recibir dos premios Goya tan pronto, en 2013 y 2015?
No pienso en ello. Sólo sale en las entrevistas. Pero sí, da un poco de vértigo. No estoy muy acostumbrada a que me pasen cosas buenas y, por ello, tiendo a desconfiar de la buena fortuna. Es tan difícil trabajar de esto, y tan difícil que te vaya bien, que siempre tienes la sensación de vivir en un sueño del que te puedes despertar en cualquier momento.

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