Manuela Vellés: «Un hijo saca de ti lo mejor y lo peor»

Contar para contarse. Ésta podría ser la más evidente de las razones que amparan y hasta justifican Culpa, de Ibon Cormenzana con guión del propio director y de la actriz y protagonista de la cinta, Manuela Vellés. Ellos son pareja y padres. Eso en la siempre desorganizada vida, la real. En la ficción ordenada en tres actos, casi también. La película, de hecho, cuenta el embarazo de una mujer desde el principio hasta justo el final que, bien mirado, no es más que otro principio. Y cada imagen fabulada no hace más que reproducir la otra, la de verdad, en un juego de espejos que, en efecto, cuenta y se cuenta. Contar para contarse.

Cuenta Vellés que la idea surgió en el primer embarazo. «Lo que ocurre es que luego llegó la pandemia y el confinamiento». Paso el tiempo, pasó el coronavirus (o casi) y llegó el segundo embarazo. «La idea original era contar el cataclismo de ser madre. De repente, sientes la brutalidad de ser sólo un animal que asiste a cómo cambia tu cuerpo», dice la escritora debutante como el que explica un acto reflejo. «Poco después», sigue, «el relato tomó vida propia y se fue distanciando de mí. Seguía siendo mi historia, pero de otra manera muy distinta».

Manuela Vellés en un momento de 'Culpa'.
Manuela Vellés en un momento de 'Culpa'.

En el propio título, va la primera pista. Culpa se detiene en un embarazo no deseado fruto de una violación. Nada que ver con ella. La primera escena de la película adquiere la forma de un abismo. En un plano secuencia hiriente, ella, siempre es ella, es asaltada por un amigo incapaz de entender el sentido de la palabra consentimiento. Sólo sí es sí. Lo que sigue es un viaje de reclusión y aislamiento asaltado por todas las dudas. Y siempre en carne viva.

«Lo primero que quise abordar es eso que de forma genérica podríamos llamar cultura del consentimiento. Tengo claro que es un problema que tiene la sociedad en su conjunto. Falta educación y empatía, y por eso hay una diferencia abismal entre la perspectiva masculina y femenina», dice, se toma un segundo y continúa: «Es importante reflexionar, creo, sobre el hecho de que muchos de los abusos y las agresiones sexuales no son, como se tiende a pensar, cosa de desconocidos en la oscuridad de la calle. Aunque también. Buena parte son violaciones de personas cercanas, de familiares o de amigos. Y sobre ellas reina el más absoluto silencio».

Manuela Vellés en un momento de 'Culpa'.
Manuela Vellés en un momento de 'Culpa'.

Toda la película está precisamente construida desde el silencio. Desde todos los puntos de vista imaginables. Ella, sola y abatida, se enfrenta a la vergüenza en la más absoluta soledad. Se trata de una soledad callada que tiene que ver con la doble condición de víctima. «La protagonista es víctima por lo evidente y víctima de un entorno que le condiciona a no decir nada», comenta Vellés.

Pero un paso más allá, la maternidad, así en toda su plenitud, también está imbricada con otra forma de mutismo personal y social. «La soledad de una madre es terrible. Te sientes sola porque te sobrepasa un situación para la que no has sido entrenada y de la que la sociedad construye una imagen idealizada. De golpe sientes una responsabilidad enorme. Es abrumador ser madre. Se abre un mundo del que no sabías nada. Es una entrega total y tienes que asumir que ha cambiado todo», dice. Y sigue: «Visto desde ahora, creo que la película también surgió de la necesidad de mostrar otra forma de ser madre que no es más que la de verdad. Ésa en la que te ves superada porque no llegas, ésa que es consciente de que la maternidad saca de ti lo mejor y lo peor. Es una especie de tabú que hay que romper». Se acabó, por tanto, el silencio.

El nacimiento del hijo en 'Culpa'.
El nacimiento del hijo en 'Culpa'.

Culpa se construyó, antes que sólo rodarse, con un equipo mínimo. «Yo era la encargada de atrezo, la de maquillaje, la de vestuario y el cuerpo que cambiaba era el mío. Recuerdo que el primer día me vi en medio del rodaje sin saber qué decir. No me había estudiado el papel. El director me tuvo que recordar que lo había escrito yo», dice. Y todo eso se aprecia. Las imperfecciones y errores llevan firma y se incorporan con naturalidad a la misma piel de la película. «El cataclismo de la maternidad» es en directo. Culpa cuenta mientras se cuenta.

En un momento dado, y ante el silencio de todos y de todo, la protagonista decide abortar. Para el violador, antes amigo de la pareja, todo no fue más que una arrebato ya olvidado del pasado. Para ella, es el cuerpo mismo de una culpabilidad sólida, irrefutable y perfecta. Indeleble. «Hay otro tabú sobre la maternidad no deseada que ni siquiera puede ser citado. Y eso», insiste Vellés, «hay que hablarlo». ¿Y qué opina del recorte del derecho al aborto que se anuncia desde el Tribunal Supremo de Estados Unidos? «Confío en que no llegue aquí, pero es un ejemplo más del efecto rebote. Por cada conquista social hay que vivir un periodo de retroceso. Es casi una ley física».

Manuela Vellés debutó en el cine en 2007 de la mano de Julio Medem en Caótica Ana. Aquel fue, en sus propias palabras, «un salto al vacío». Ahora, 15 años después, dice sentirse al borde del mismo precipicio de entonces. «Aquello lo viví con toda la inconsciencia del mundo. Era yo mismo completamente libre. Ahora igual». Contar para contarse.


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