Las huellas de la Guerra Civil en la película inédita de Berlanga y Bardem

Antes de ser Bardem y Berlanga, glorias del cine español, Bardem y Berlanga ya demostraron desde su primera película lo que serían capaces de ser, que no era nada más que, efectivamente, Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga. Siempre idénticos a sí mismos y, a decir de los amigos, siempre peleados entre sí. La película Paseo por una guerra antigua -su estreno como directores- sería la más fiel demostración de que en el principio siempre se encuentra el reflejo del final.

Uno de los pocos, quizá el único, en advertirlo con certeza fue el crítico J.F. Aranda que en una crónica fechada en 1961 y publicada en la revista Arte cinematográfico daba cuenta del que fue aquel debut de los dos: un cortometraje de 20 minutos donde se contaba la historia de un mutilado de guerra que pasea su propia ruina por las ruinas prohibidas de la Ciudad Universitaria de Madrid. Al fondo, como escenario, herida y argumento, la Guerra Civil. Aranda sería el último testigo de un acontecimiento que acto seguido, tras esa proyección, se perdió para siempre. Se trataba de las prácticas fechadas en 1948 (un año después de la fundación de la Escuela de Cine) firmadas por Bardem y Berlanga, además de por sus compañeros de promoción Navarro y Soria. Por culpa de la escasez, se repartieron tan sólo 50 metros de película por cabeza. Los cuatro decidieron juntarse para completar una película sólo de 200 metros.

Pero no todo se esfumó. Se salvó, y aquí la clave, el metraje descartado en el montaje final y que, como el molde de una pieza de cerámica, deja en su hueco imperfecto la huella y la memoria. La imagen es de el director Elías León Siminiani. La Filmoteca Española proyecta hoy precisamente cuatro montajes distintos con esos pecios de ese naufragio. Se trata de 67 planos exactos e inéditos:41 de ellos aparecen entre las ruinas que son a la vez el recuerdo de un pasado épico y funesto y el testimonio de un futuro fracturado para siempre. El resto, 26, se filman en el estadio deportivo ya reconstruido.

Imagen de 'Paseo por una guerra antigua'.
Imagen de 'Paseo por una guerra antigua'.MUNDO

Lo que se verá ahora son cuatro cortometrajes que no pretenden una labor de arqueología, o no solo, sino más bien una vida nueva. Los encargados de armar los puzles -los directores Carolina Astudillo, Fernando Franco, Nuria Giménez Lorang y el citado Elías León Siminiani– dotan el material antiguo e inédito de nuevo significado al cruzar la inspiración de los responsables de Bienvenido, Mister Marshall con su propio ideario. El pasado se mezcla con el presente en un ejercicio de transparencia que aspira a todo, incluido el futuro.

La chilena Astudillo, antes autora de películas como El gran vuelo premiada en el Festival Málaga, hace coincidir la historia sangrienta de España con la de su país. «Se ve como un estadio olímpico puede ser trinchera en una Guerra Civil o campo de concentración en un golpe militar», dice y apunta un detalle: «El estadio de Santiago de Chile se construyo en 1938, cuando la guerra de España, y se hizo a imagen y semejanza del ideado por Hitler en Berlín». De la mano del texto de Walter Benjamin El ángel de la Historia, el tiempo se exhibe cíclico y Bardem y Berlanga se descubren, de repente, profetas.

Imagen de 'Paseo por una guerra antigua'.
Imagen de 'Paseo por una guerra antigua'.MUNDO

Agustín Lamas es el nombre real del protagonista de Paseo por una guerra antigua. Él no era mutilado de guerra sino jugador de rugby como Bardem y perdió la pierna por una fractura mal tratada. Los planos de geometrías poderosas como los ideados por el mexicano Indio Fernández demuestran la mano de Berlanga. El emplazamiento de la cámara, según el recuerdo de Navarro, lo decidía en cambio Bardem. Berlanga y Bardem mandaban y se disputaban el mando.

Nuria Giménez, directora de My mexican bretzel, toma como referencia la doble vida del héroe de guerra que en realidad es sólo un deportista sin suerte para imaginar una historia de impostores. «Me interesa explorar esa sensación contradictoria tan de Berlanga de la carcajada en la tragedia», apunta para definir al mismo tiempo lo que más le conmueve del director valenciano y su propio cine siempre atrapado entre la verdad y la mentira, entre la fabulación y el sueño.

Fernando Franco, Premio Especial del Jurado en San Sebastián por La herida, sube la apuesta y enfrenta la guerra brutal de entonces «con la paz neoliberal de ahora». Los planos precisos y eisensteinianos de Bardem se dan de bruces con los encuadres verticales de los teléfonos móviles. La Ciudad Universitaria derruida de los cuarenta se solapa con su reflejo en Google maps de los dos miles. Y así, su relectura subraya una violencia con la otra.

Imagen de 'Paseo por una guerra antigua'.
Imagen de 'Paseo por una guerra antigua'.MUNDO

Para el final, León Siminiani, director de Mapa y de series como 800 metros, se muestra meticuloso y tras explicar preciso en su corto la historia oculta y ahora desvelada de Paseo por una guerra antigua, se detiene en la polémica sobre si la cinta estaba o no sonorizada. Aranda recuerda en sus crónicas hasta una voz en off. Bardem, en cambio, comentó que no hubo dinero para tanto. «Es», dice Siminiani, «el conflicto entre la memoria y la historia, entre lo que fue y lo que ahora, de nuevo, es». Bardem y Berlanga. Siempre.


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