La peor serie de la semana: Sentimos las molestias, justicia para los mitos

Me pasa con Sentimos las molestias un poco lo mismo que me pasó hace una década con aquella versión española de Las chicas de oro que se le ocurrió a José Luis Moreno. Se le ocurrió y ocurrió. No se me olvida la demencial (y un poco humillante) presentación de aquella cosa, con las enormes Carmen Maura, Lola Herrera, Concha Velasco y Alicia Hermida, apareciendo en un estudio de TVE de la mano del grimoso ventrílocuo. Moreno consiguió (a saber cómo) a esas cuatro actrices portentosas y les dio una serie de mierda. El resto es historia. O, mejor dicho, el resto es olvido.

Sería injustísimo comparar Sentimos las molestias con aquellas insultantes Chicas de oro españolas, pero veo a Antonio Resines y sobre todo a Miguel Rellán en la nueva ficción de Movistar+ y me pregunto si eso es todo lo que tiene la televisión de pago que ofrecerles. Si esa esa nuestra respuesta a Grace and Frankie o El método Komisnky. Si para eso quedan nuestras leyendas.

Y quien dice Resines y Rellán dice Luisa Gavasa, Guillermo Montesinos (sí: leyenda, lo es sólo por el mambotaxi) o una Fiorella Faltoyano que por qué demonios no está protagonizando la The Good Fight española. Puestos a buscar referentes, por qué no ese.

Cumplir los 70 es el centro conceptual de Sentimos las molestias. Justo esa cifra es la que ha celebrado Christine Baranski hace unos días. Que su serie no trate sobre «una vieja» indica que la televisión (norteamericana) de 2022 es mejor que la (española) de 2009, año en el que Herrera, Velasco, Maura y Hermida se pusieron a las órdenes de José Luis Moreno. No era aquella la primera vez que Las chicas de oro se adaptaba en España. En 1995, Juntas pero no revueltas juntó y revolvió a Amparo Baró, Kiti Mánver, Mercedes Sampietro y Mónica Randall. Ninguna llegaba a los 60. Es más: Mánver apenas pasaba de los 40.

A Melina Matthews todavía le quedan unos cuantos años para llegar a la cuarentena. En Sentimos las molestias ella es el espejismo de la juventud para el personaje de Antonio Resines, un director de orquesta obligado a enfrentarse a su edad. Nada que objetar ahí. Si la serie de Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, creadores de Vergüenza, quiere ser medianamente realista, tiene sentido que aborden eso. Que veamos cómo ese señor pierde a una señora como Fiorella.

Los señoros hacemos esas cosas y está bien que las comedias hablen de ello. Aunque ojalá Sentimos las molestias lo hiciera mejor. A la última comedia de Movistar+ le falta el gamberrismo de Grace and Frankie, la profundidad de El método Kominsky y la autoconsciencia de estar tratando con mitos. Resines lo es, Rellán lo es y Fiorella es una de esas cuentas pendientes de la industria audiovisual española que, teniendo ahí a ese pedazo de señora, prefiere envejecer artificialmente a actrices más jóvenes para interpretar a las madres rancias de starlettes de Instagram. Ahí hay una historia muchísimo más interesante que la que cuenta Sentimos las molestias.

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