Greta Fernandez: «Es muy bonito ser actriz de prestigio, pero con eso no como»

Cuando Greta Fernández (Barcelona, 1995) sale a tomar algo con sus amigos, estos son C. Tangana o Anna Castillo. Cuando queda a comer con su padre, su acompañante es Eduard Fernández.

Vive rodeada de un nivel de fama al que se dirigía de manera imparable en 2019, cuando el éxito de Elisa y Marcela y, sobre todo, La hija de un ladrón la convirtieron en mejor actriz en el festival de San Sebastián, nominada a los Goya e icono centennial en Instagram. Estaba en todas partes y, de repente, desapareció.

Ahora estrena en cines El frío que quema, su primera película en tres años largos. «Dejaron de llamarme y fue jodido, esa es la verdad. No es lo que esperaba cuando todo eran premios y elogios, pero sé cómo es esta profesión, soy joven y aquí estoy. Voy bien hacia donde quiero llegar», relativiza la actriz.

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¿Eres una persona con un destino claro?
Sí. No soy muy obsesiva y, si la vida me lleva por otro lugar, me dejo bastante, pero soy una tía que tiene claro lo que quiere, lo que me gusta, lo que no, dónde me dirijo y qué tipo de proyectos me interesan. Y he tenido mucha suerte porque la vida me ha acompañado en esa dirección y no he tenido que luchar para que los proyectos que me llegan se ajusten a lo que quiero. No tengo que rechazar papeles todo el rato, ni mucho menos.
¿Qué pasó tras el boom de 2019?
Que nadie me dio trabajo. Totalmente parada, hasta que empecé a rodar este proyecto, estuve un año. Fue duro, no te voy a mentir. Está bien aprender que todas las subidas bajan, pero fue muy complicado para mí. Tengo la excusa de la pandemia, que me va un poco a favor porque me puedo plantear qué hubiera pasado sin ella. ¿Me habrían llamado más? Nunca lo sabremos y la realidad es que fue un parón total. Por suerte, lo sobrellevé porque no me pilló totalmente de sorpresa: no triunfé de golpe, llevo muchos años dedicándome a esto y tengo un padre actor. Conozco el oficio. Lo que pasa es que nunca había tenido la oportunidad de mostrar de verdad mi trabajo y mi talento y cuando me dieron esas dos películas… ¡Buah! Fue un súper subidón y luego un bajón igual de fuerte. Está bien, porque luego he tenido algún parón más y ya los llevo con más tranquilidad, sé que esto va así, pero hasta que no te pasa la primera vez no te lo acabas de creer.
Raro es el actor que siempre tiene trabajo.
Ya, pero también hay excepciones y yo estoy rodeada de excepciones. Mi padre es una. Es buenísimo y se merece estar trabajando todo el rato, pero no es lo normal. Anna Castillo es otra que no para. Es un actrizón y mi amiga del alma, pero no es lo común. Aunque seas muy buen actor, tener todo el rato trabajo de calidad bien pagado es una excepción. A diferencia de otras personas que todo este mundo lo viven muy lejos y lo tienen idealizado, yo sé cuál es la realidad del oficio y ese mal momento me ha venido bien para darme cuenta de cuál es mi lugar y estar a gusto en él, que es importante en un trabajo de ego como este para no tener celos ni envidias. Admiro mucho a la gente que tengo alrededor, tanto a las excepciones como mi padre o Anna como a otra gente que se lo curra mucho, pero no tiene trabajo. Y yo estoy en un punto intermedio. No soy una actriz que esté trabajando todo el rato ni me llegan guiones todos los días. Me gustaría trabajar mucho más, pero estoy en un lugar bueno: he hecho papeles de protagonista, este año tengo cuatro películas por estrenar y soy consciente de mi privilegio, aunque…
Pensabas que iba a ser diferente.
Sí, porque no me fue fácil llegar hasta lo que logré en 2019. Cada uno puede pensar lo que quiera cuando digo esto, pero la realidad es que me costó mucho conseguir un papel de protagonista y, encima, que funcione y sea de calidad. Así que, cuando lo logré, sí que pensé que tanto reconocimiento, la Concha de Plata y las nominaciones, ya me colocaban en un lugar, me daban una tranquilidad, una estabilidad y un estatus… Pues no.
¿Te rallaste mucho?
No soy muy neurótica ni muy obsesiva. Mis miedos son económicos o de aburrimiento, no porque me baje la autoestima y me fustigue. La industria es la que es y es complicada, pero estoy tranquila porque creo que estoy haciendo cosas que están bien, aunque no sean muchas, y recibo un feedback muy bonito. No te puedes achacar todo a ti.
Greta Fernández.
Greta Fernández.JAVIER BARBANCHOMUNDO

¿Has tenido alguna crítica mala?
No, ninguna. Al menos, que yo recuerde. Mejor, porque debe doler.
Conclusión: que sigues viviendo de alquiler.
Ya ves. Este es mi quinto año en Madrid, aunque todo el mundo cree que vivo en Barcelona, y aquí estoy, haciendo malabares para pagar estos alquileres disparatados como cualquier joven. Hay bastantes ideas preconcebidas con el dinero que se gana siendo actriz o actor. ¡Ojalá con dos películas me pudiese meter a comprarme un piso! Imposible. Además, yo no soy una actriz de series. He hecho una en Netflix, Santo, que me ha venido muy bien porque me ha dado una tranquilidad económica que no tenía y no me importa decirlo abiertamente, pero el cine de autor no da para vivir en España, por más que a cierta gente malintencionada le guste promover la idea de que los actores somos millonarios. Esos son cuatro, pero se generaliza.
¿Quién generaliza?
Es que la derecha se dedica a mentir, es su forma de ser, y le encanta atacar al cine español. Mentiras tan descaradas que no tienen sentido, como exagerar lo que cuestan las campañas del ministerio de Igualdad o pasarse el día con que los actores podemitas nos estamos forrando con el dinero público y no sé cuántos bulos más. Pero, vamos a ver, ¿cuánto dinero se creen que nos pagan? ¿Que ganamos un millón por película? ¿Estamos locos? Esa burrada pasa en Hollywood, no en España. Crean esa idea de que los actores de izquierdas se llevan las subvenciones y se quedan tan anchos. Todo mentira. Yo además soy catalana, así que me adoran [risas].
¿Cómo llevas el puente aéreo?
Ahora estoy contenta porque siento que ha bajado el clima de confrontación. Ha sido difícil, porque siento que Barcelona es mi hogar, pero estoy locamente enamorada de Madrid. En cuanto llego a Barcelona pienso: «Qué ganas de volver a mi casa, que es Madrid». No sé, así como en su momento fue muy fuerte y muy tenso, siento que está más calmado todo, que volvemos a la normalidad poco a poco. Tengo muchos amigos independentistas y, también, muchos amigos en Madrid que no entienden nada de lo que pasó, y les noto mucho más tranquilos a ambos. Se agradece.
¿Te cansó el tema?
Yo comparto muchas cosas sobre mí, soy muy feminista, opino sobre todo y en su momento me metía mucho en política, pero la verdad es que, y me sabe mal decirlo, cómo cansa. He dejado casi de mirar Twitter porque, como todo es política, sólo encuentro discusiones y reproches. Estamos en un lugar ahora muy desagradable, aunque me niego a caer en eso tan de moda de que todos los políticos y los partidos son iguales. No, no lo son. Eso es un mensaje muy peligroso. No te tiene que representar ningún político, a mí no me representan ni mis amigos, me represento yo y a duras penas, pero no todas las ideas y todos los políticos son iguales. ¿Cómo va a ser igual una parte que la otra? Eso es una gilipollez y lo que quiere la derecha que creamos, pero no podemos caer en eso, resignarnos y descuidar lo social, que es lo realmente importante. Así es como me han educado en mi casa y no lo olvido.
Hablando de tu familia, ¿te has quitado ya la etiqueta de ‘la hija de Eduard Fernández’?
Sí, creo que sí. Ya lo llevamos con mucha naturalidad los dos: yo estoy haciendo lo mío, él lo suyo y, de hecho, hace poco comentábamos que a ver cuándo nos ofrecen una buena peli de padre e hija, porque nos gustaría hacer alguna ahora que ya soy más mayor que en La hija de un ladrón. Me apetece. Lo dejo ahí por si nos escuchan.
Cómo se nota que eres joven. La hija de un ladrón es de hace nada.
Ya, pero a mi edad la vida cambia muy rápido [risas]. Me siguen poniendo muy joven en las películas porque físicamente puedo dar de 20 y puedo dar de 30, pero no nos engañemos: ya estoy más cerca de los 30. Y ese es un melón que no quiero abrir, el de hacerse mayor en esta profesión y lo que cuesta que te den papeles. Prefiero no pensarlo, porque si ya me cuesta ahora conseguir trabajo, dentro de 15 años puede ser… Pero, bueno, me queda, me queda.
Cabe esperar que, cuando llegues a esa edad, la escasez de papeles para mujeres mayores de 40 haya desaparecido. ¿No notas una mejoría?
La verdad es que tengo ahora mismo un poquito de lío con la industria. Mucha gente dice que estamos en un buen momento porque hay muchos proyectos, pero eso es en las series. Siento que el cine está pendiente de un hilo. Este año se han hecho películas muy buenas en España, pero yo como actriz, como Greta, sé que no son tantas, que sigue faltando trabajo. A los directores de películas grandes les gusta trabajar con sus actores y se repiten, y películas pequeñas se hacen cinco o seis y, a lo mejor, sólo en una salen chicas de mi edad y de mi perfil. Entonces es realmente difícil conseguir un papel. Ahora estoy estudiando francés y mirando para irme fuera. Mi padre me dice que para qué, que aquí hay trabajo. «Sí, claro, papá, para tí, el resto lo tenemos jodido» [risas]. En España hay cine muy bueno, pero no hay trabajo para todos. Esto no es Francia. Así que tengo que diversificar: currar fuera y hacer también otro tipo de proyectos. Tampoco me importaría hacer historias más ligeras, pero no me llaman para cosas petardas.
Das en seria.
Sólo me llaman para cosas dolorosas, para guerras, maltratos, prostitución… ¡Yo soy divertida y la gente no lo sabe! Mucha gente cuando me conoce se sorprende porque pensaba que soy fría, distante y seria. Que yo digo: «¿Pero qué estoy haciendo mal? ¿Qué imagen estoy dando en Instagram o dónde sea de poeta francesa intensa?».
En Instagram, un poco de intensa sí que vas.
Voy de intensa. Es cierto. Piensa que mi padre es actor y mi madre es escritora, ¿cómo no voy a ser intensa? ¡Mi madre me habla con poesía por WhatsApp! En casa he vivido diariamente con la emoción y la intensidad a flor de piel. Me he quitado bastante, pero milagros tampoco puedo hacer.
¿Eres muy consciente de la imagen que das? ¿Cuánta esclavitud te genera Instagram?
La verdad es que no tengo mucha lucha con eso. Hay una cosa que mi representante no quiere que diga pero es la verdad: vivo mucho de Instagram. La moda me da dinero, un dinero que necesito para vivir. Es muy bonito ser actriz de prestigio y musa de directores noveles, pero con eso no como y me tengo que apañar con las campañas y las fotos. Y vivo muy bien gracias a ellas. No me puedo quejar, pero las necesito. Soy muy pragmática y si esto es lo que está haciendo entrar dinero ahora, pues es lo que voy a hacer. Lo que no puedo permitirme es volverme loca y renunciar a Instagram porque no es trabajo de actriz. Pues, chica, es lo que hay. Además, la moda me gusta mucho desde pequeña y es una cosa que me sale sola. No soy una chica famosa, no me agobian, no sufro por eso.
¿Vas notando un cambio vital al ser cada vez más conocida?
Realmente no, gracias a que me rodeo de gente muy famosa. Realmente famosa. Voy con Pucho [C. Tangana, para los no amigos], con Anna [Castillo] o con mi padre por la calle, y los conocen a ellos, no a mí. Vivo muy cómoda en un segundo plano. A veces me reconocen, pero nadie se vuelve loco. No tengo una fama adolescente, porque no he hecho ningún producto teen, y no hay un fanatismo de querer saber mi vida, con quién estoy o con quién dejo de estar. Cuando me paran es siempre para felicitarme por mi trabajo y eso me parece maravilloso. Esa otra fama que veo en mi entorno, no me atrae.
Pero, si todo te va como quieres, te llegará.
A ver este año, porque tengo cuatro estrenos y puede haber otro subidón. Uno es un papel chiquitito que es mi debut en Hollywood.
¿Ya en Hollywood?
En realidad, llevo haciendo castings de Hollywood muchos años, siempre ha estado en mis planes. Ya te he dicho que con España no da y no pienso volver a estar un año parada. Hay que moverse.

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