Crítica de ‘When You Finish Saving the World’

when you finish saving the world

A24

Dirección: Jesse Eisenberg Reparto: Finn Wolfhard, Julianne Moore, Jay O. Sanders, Alisha Boe Título original: When You Finish Saving the World País: EE.UU. Año: 2022 Género: Drama Guion: Jesse Eisenberg Fotografía: Benjamin Loeb Sinopsis: Evelyn y su hijo Ziggy son dos polos opuestos que intentan vivir el uno al margen del otro.

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Lo mejor: la ambición del autor a la hora de abordar temáticas complejas, complicadas y comprometidas.

Lo peor: la antipatía que desprenden los dos protagonistas impide conectar empáticamente con la historia.

Jesse Eisenberg debuta en la escritura y dirección de largos, y como cabía esperar, donde más brilla el conjunto es en el apartado actoral. Buena parte de las tensiones de las que se nutre tanto el texto como la puesta en escena se concentran en un duelo delante de las cámaras que enfrenta la veteranía de Julianne Moore con la juventud pueril de Finn Wolfhard. Madre e hijo en una ficción a la que, a juzgar por el trabajo del segundo (en claras funciones de alter ego “eisenbergiano”), también se le puede apreciar cierto aroma auto-biográfico.

En cualquier caso, ‘When You Finish Saving the World’ es un drama familiar cuyas fricciones surgen de las brechas generacionales; de dos polos que cuanto más intentan acercarse el uno al otro, más se repelen. Está, como se ha dicho, la matriarca y el vástago; ambos obsesionados con sus respectivas maneras de ganarse la vida. Ella dirige un centro de acogida para mujeres víctimas de la violencia machista; él es una estrella emergente de las redes sociales, espacio virtual donde vuelca sus dotes musicales para las canciones pop.

A la alegre despreocupación del adolescente le toca compartir techo con la rigidez moral de una mujer que lleva décadas bregando por incontables reivindicaciones sociales. Admirable recorrido que la ha llevado a situarse en una posición de superioridad desde la que, esto sí, muy fácilmente se puede perder la perspectiva del mundo real. O sea, que nos movemos en un contexto de problemas del primer mundo, para un claro exponente de cine hecho por y para el primerísimo mundo.

Jesse Eisenberg se acerca a la generación woke intentando entender también a las personas de las que surge la dignidad, el compromiso, la convicción, pero también la inconsciencia, e incluso la culpabilidad con la que la juventud pasea los privilegios heredados. Lo hace adoptando una ambigüedad en la que cuesta separar el drama de la comedia, una decisión que en determinados momentos se parece demasiado a un gesto involuntario. Ahí está el principal problema de la propuesta, una función que como todas las del sello A24, se podría justificar solo a través de su privilegiadísimo envoltorio, pero que a la hora de la verdad cae en una indeterminación incómoda: la de quien cree que con cuatro rimas fáciles se puede explicar el -loco- mundo en el que nos ha tocado vivir.

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